viernes, 17 de octubre de 2014

Cuervo

Sí, aunque no lo crean, estoy de vuelta en esto.

Verán: La inactividad que aquejó a este blog fue debido a que no me he sentido triste últimamente: Debo reconocer que el 2014 fue un gran año para mí, donde conocí a mucha gente que me ha apoyado, gente con la que he podido pasar buenos ratos, gente buena en quien puedo confiar, y lo más importante, una persona quien se ha convertido en mi inspiración, motivación y razón de vivir (Cosa que tal vez detalle en otra entrada, más adelante).

Sí, he estado muy feliz y conforme con mi vida este año, y creo que me han pasado bastante cosas buenas, pero desde hace un mes que me estoy sintiendo muy mal nuevamente, con mucha pena reprimida y sin nadie a quien pueda contarle estos problemas, porque al parecer, nadie logra comprenderme con exactitud.

¿Qué tipo de problemas he tenido? No sé si son problemas en sí, pero son cosas que me aquejan mucho, y que me imposibilitan poder seguir adelante.

Una de ellas es lo siguiente.

Tengo una gran capacidad matemática. Todos mis profesores me halagan por ello, diciendo que soy bastante hábil con los números. Lo mismo con la música, la física, la ortografía, la geografía, el inglés, etc.

Pero hay algo que realmente me marcó, y fue cuando mi profesora de Castellano (Lengua o Lenguaje), se sentó a hablar conmigo mientras el resto estaba en el patio, jugando fútbol o disfrutando del sol. Allí hablamos sobre muchas cosas, y cuando terminamos la conversación, ella me dijo "¿Sabes? Tienes tanta razón en todo lo que dices... Gente como tú, con una mentalidad distinta, son las que logran grandes cosas en el mundo. Fue una agradable conversación, Francisco."

Esta última frase me mató.

Cualquiera diría "WoW... ¿Soy así de bueno? ¡Genial que piensen eso de mí!", y no lo voy a negar, en cierta parte, es cierto; me halagó bastante y me sentí bien un momento, pero luego pensé bien... ¿Y?

¿Y qué es lo bueno? Tengo una mentalidad distinta, con la que podría llegar a ser exitoso, ¿pero de qué me sirve cuando en realidad vive dentro de mí alguien un tanto menos ostentoso?

A lo que voy, es que a pesar de que soy inteligente, y de saber que soy inteligente, siento que utilizo mi inteligencia en estupideces y banalidades, cosas que al fin de cuentas, no hacen un aporte a la sociedad, ni tampoco logran hacer el cambio que tanto dice mi profesora.

Entonces, ¿de qué sirve mi mentalidad cuando no puedo llevar a cabo mis ideas? ¡De nada, señores!, y eso me ha tenido muy mal, ocasionándome, de paso, un montón de dudas.

¿Soy lo suficientemente bueno para el mundo? ¿La gente ve que soy inteligente? ¿Será muy egocéntrico decir que soy distinto y que seré exitoso? ¿Quiero ser exitoso? ¿Quiero ser inteligente? ¿Quiero ser distinto? ¿Quiero ser yo?

Finalmente, concluí que no quiero ser exitoso, ni inteligente, ni distinto, ni yo. Realmente, me hubiese gustado ostentar la vida de cualquier de mis compañeros de clase; Con una inteligencia promedio, con un pensamiento ordinario, pero con una vida feliz, sin preocupaciones tan extravagantes, viviendo el día a día normalmente, sin destacar, siendo uno más dentro de un mundo creado por un neo-liberalismo que nos droga con consumismo y cosas como esa, distrayéndonos de lo que realmente importa, embriagándonos en un torbellino de placer, del cual, se vive placenteramente. Sí, se vive engañado y ciego, pero placenteramente, al fin y al cabo.

No quiero ser inteligente. No quiero ser distinto. No quiero destacar. No quiero ser exitoso. Le tengo miedo al éxito. La gente me odiará. La gente pensará que soy elitista. La gente pensará que soy egoísta. La gente pensará que soy egocéntrico. La gente pensará que soy narcisista. La gente pensará que quiero llamar la atención.

Ah, no, esperen, la gente ya pienso todo eso de mí, y mis compañeros no tienen ningún pelo en la lengua al decirme siempre lo muy idiota que soy al creerme superior a ellos.

¿Soy superior al resto o no? No lo sé. No lo creo. Si ser superior significa tener una mentalidad donde te preocupan cosas que no deberían preocuparte, entonces lo soy, y déjenme decirles que no lo disfruto para nada.

Ahh... a fin de cuentas, has vuelto, viejo cuervo: No puedes escapar de tu destino, muchacho ¿Eh? Tú siempre queriendo escaparte, volando, volando, posándote de rama en rama, esperando encontrar el néctar de la vida, tratando de saborear los rayos del sol, anhelando tomar un rumbo que pueda glorificar tu existencia...

...pero al final, siempre vienes a carroñar al suelo, pequeño cuervito.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario